Acaba de empezar el año y, a veces, parece que hay prisa.
Prisa por tenerlo todo claro, decidido, organizado.
Prisa por haber trazado ya el mapa completo de los próximos doce meses.
Parece que, si en la primera semana no tenemos definidos nuestros propósitos, si no sabemos exactamente hacia dónde vamos, ya vamos tarde.
Como si hubiera que resolver los 365 días desde el primer lunes de enero.
Incluso aparece ese concepto tan conocido: el Blue Monday, el llamado “lunes azul”, considerado el día más triste del año. Suele caer a mediados de enero, cuando baja la motivación tras las fiestas y nos reencontramos con la rutina.
Y me pregunto: si acabamos de empezar… ¿por qué ya hablamos de desmotivación?
Pues no.
No voy tarde.
Se vale no tenerlo todo claro.
Se vale empezar despacio.
Se vale escuchar antes de exigirse.
Esto va de planear con intención, honrando y respetando los tiempos.
Mis tiempos.
Yo me he regalado estas dos preguntas, sin prisa:
¿Cómo quiero vivir este año, más allá de lo que “debería” hacer, más allá de las autoexigencias?
¿Qué persona quiero ser?
¿Cómo puedo acompañarme para caminar hacia ahí?
Mi objetivo no es cambiarme a la fuerza, sino habitar con más consciencia la persona que ya estoy siendo y permitir que evolucione.
Cultivar la persona que sueño ser, mirándome con ternura y sin juicio.
Quizá este proceso me lleve todo el año.
Y está bien así.
Disfrutaré del camino, viviendo cada día como un regalo, con gratitud, como una oportunidad.
Y entonces, con la mano en el pecho y respirando conscientemente, me digo:
Camino hacia la persona que quiero ser, paso a paso y con amabilidad.
Estoy contigo.
Me habito.
Alma Arconada
#caminandoconalma #pensamientospararlcamino




