Ser madre es una experiencia que llena profundamente mi corazón.
Me expande… y al mismo tiempo me vuelve vulnerable.
Me hace grande porque implica acompañar, guiar, sostener, apoyar… y también aprender a soltar, a dejar que vivan su propio camino. Y eso es tan hermoso como delicado.
Y me hace vulnerable porque en ese mismo camino aparecen la fragilidad, la duda, los errores. Porque no hay manual perfecto, y porque amar tanto también implica exponerse.
Mis hijas, con su amor, me invitan constantemente a mirarme. En muchas de sus acciones me veo reflejada. A veces con orgullo, al reconocer los valores y fortalezas que han ido creciendo en ellas. Otras veces con cierta incomodidad, al encontrar también esas limitaciones que siguen siendo parte de mí.
Y es justo ahí, en ese espejo, donde nace la oportunidad de crecer.
Desde la honestidad de reconocer que no lo sé todo.
Desde la humildad de poder decir “me equivoqué”.
Desde la presencia de un “te quiero” sentido y verdadero.
Ser madre es, en esencia, un camino de transformación continua. Un aprendizaje constante que me invita a estar más consciente, más abierta, más humana.
El mejor regalo de mi vida sois vosotras, Sara y Lucía.
Gracias por todo lo que me dais.
Os quiero
#caminandoconalma #pensamientospararlcamino

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