domingo, 13 de septiembre de 2026

ADIÓS, VERANO

 Estos días escucho con mucha frecuencia:

«¿Dónde quedaron ya las vacaciones?» 


Como si el verano hubiera quedado muy lejos, casi olvidado, y la rutina y lo cotidiano impone tal ritmo que lo apaga todo.


Pero yo quiero despedirlo despacio. Sin prisa. Quiero gustarlo, y que esa sensación de "qué bien estoy" me dure un poco más.


Todavía queda sol, todavía queda luz. Y, sobre todo, queda todo lo vivido.


Miro hacia atrás y siento una agradable sensación de plenitud.

Qué bien. Qué a gustito recordar.


Ha sido tiempo para la familia y los amigos.

Tiempo para compartir, disfrutar y sonreír.


Tiempo para tomar un café despacio, sin mirar el reloj.

Para leer al sol.

Para disfrutar del mar, la brisa, la sal y el sol.

Para recorrer ciudades nuevas y volver a mirar con otros ojos las conocidas.


Tiempo para hacer deporte, escribir, descansar.


Tiempo para quitarme el reloj y las redes.


Tiempo para parar.

Para respirar.

Para estar conmigo.


Tiempo para estar. Para ser. Y para sentir.


Quizá eso sea también el verano: una oportunidad para bajar el ritmo y recordar que la vida no siempre necesita que vayamos deprisa.


Tomar distancia para recuperar presencia.

Apagar un poco el ruido para escuchar con más claridad.

Dejar espacio para aquello que, cuando todo corre, apenas alcanzamos a percibir.


Cierro los ojos y vuelvo por un instante a alguno de esos momentos.


Y, si presto atención, todavía puedo oler el mar.

Escuchar las olas.

Sentir la brisa en la piel.


Respiro.


Y me doy cuenta de que el verano no se ha ido del todo.


Porque lo vivido permanece.


Permanece en el recuerdo, sí, pero también en el cuerpo, en la emoción, en esa sensación de haber disfrutado, de haber estado presente, de haber saboreado la vida un poco más despacio.


Ahora llega septiembre. Después octubre. Volverán los horarios, las obligaciones, las prisas y lo cotidiano.


Pero no vuelvo siendo exactamente la misma.


Me llevo conmigo estos momentos.


Quizá de eso se trate: no de intentar que el verano dure para siempre, sino de dejar que lo vivido nos acompañe cuando regresamos a la rutina.


Guardar un poco de ese ritmo lento.

De esa presencia.

De ese disfrute.


Y recordar, en medio de cualquier día corriente, que también ahí está la Vida.


Así que no tengo prisa por decirte adiós, verano.


Gracias por recordarme algo sencillo y profundo:


que también necesitamos tiempo para disfrutar del tiempo.


Y ahora sí.


Cierro los ojos.

Respiro.

Sonrío.


Y retomo el vuelo.


Alma Arconada 

#caminandoconalma #pensamientosparaelcamino 

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