miércoles, 17 de marzo de 2021

EL VIENTO

Hay vientos tan fuertes que no te dejan ver, te ciegan, te impiden abrir los ojos. 

Hay rachas de viento que alborotan pero también despejan y limpian las nubes. Se llevan las lagrimas y de pronto te dejan ver el paisaje nítido. 

Hay ráfagas de viento que me sacuden y me asaltan para mostrarme la realidad. Los paisajes hasta ahora conocidos, quedan difuminados. No los reconozco.  

Escucho el viento que aúlla y golpea. Me lastima. Y después de escucharlo grito: llévate la amargura de la decepción, pero no dañes mis alas.

Hay vientos fríos, desapacibles, incómodos que soplan cuando el sol se pone.

Hay vientos del norte que traen sequedad y hastío.

Hay vientos del sur que traen fuego, de mi tierra hacia mi mar.

El viento me abraza. Quiere hacer conmigo lo que la primavera con los cerezos.

Hay brisas templadas al amanecer. Hay vientos suaves por descubrir. 

El viento susurra e inspira y me dice: Hay horizontes nuevos por descubrir. Es necesario decir no, para decir si. Vive con pasión, pero no vuelvas a permitir que sea mal utilizado. 

Me invita: sal. El viento siempre de viaje. Y yo en camino, buscando nuevas extensiones. 

El viento. El viento

Alma Arconada 

domingo, 10 de enero de 2021

Caminando sobre la nieve

Me invade una extraña calma cuando voy caminando y contemplando la naturaleza nevada. El tiempo, parece detenerse. Todo está envuelto en una atmósfera de quietud y serena belleza. Se puede escuchar el sonido del silencio. Todo es tan blanco, tan helado.

Me encanta pisar sobre la nieve virgen, por dónde no ha pasado nadie y escuchar ese crujido nivoso tan característico y dejar mis huellas, al menos en algún sitio dejar huella.


Ese frío tan intenso hace que me adentre en mi interior. Y siento frío, toco el invierno. El hielo, como un cristal cortante se adentra en mi piel, y produce dolor. 

La luz cegadora que refleja la nieve, quiere iluminar y romper mi tristeza, pero mi mente se aferra a hechos que logran resquebrajar mi entusiasmo.


Y sigo por el monte buscando caminos que transitar, huellas que descubrir, vistas que admirar, estampas que fotografiar.


Alma Arconada

domingo, 6 de septiembre de 2020

MIS HERMANOS

 Cuando pienso en mis hermanos, descubro en nuestra forma de ser, tantas diferencias como elementos en común.

Cuando estamos juntos, nos tomamos el pelo, bromeamos, discutimos; en un momento discutimos vehementemente, calentando el ambiente, seguidamente reculamos para pasar a pedirnos perdón y confesarnos nuestro amor.  

No somos de juntarnos mucho, más si sabemos que alguien nos necesita ahí estamos incondicionalmente.


En esta etapa, en dónde estamos bregando para cuidar a mi padre, descubro en ellos valores como la ternura, porque ya sé que el sacrificio y el esfuerzo no iba a faltar. Cuidar, preocuparse y organizarse junto a ellos por el bienestar de mi padre, en este trayecto de su vida, esta siendo posible porque lo estamos haciendo juntos.


Me siento muy orgullosa de mis hermanos. Seguiremos picándonos, discutiendo, compartiendo bromas, risas, penas, llantos y alegrías de manera invariable, pues la unión fraterna permanece por siempre. Qué suerte contar con vosotros. 


Gracias por estar ahí.


Alma Arconada

martes, 28 de julio de 2020

LA NUEVA REALIDAD

 ¿Qué consideramos que tenemos que hacer para sentir que recuperamos la normalidad en nuestra vida?. 

Muchas de las cosas que hasta ahora hemos vivido y sentido de forma natural han  cambiado. 
Ha cambiado nuestro modo de vida, nuestras costumbres, tradicionales, unido a la alerta constante.

A mi, más que nueva normalidad me gusta llamarla  nueva realidad. Normalidad es como si me aferrase a recuperar lo que vivía hasta ahora, sin embargo el escenario que tengo delante de mí es diferente, es nuevo. Es una nueva realidad. La realidad que me pide flexibilidad y resiliencia. 
La verdad que pido poco en esta etapa de pandemia: poder trabajar, poder seguir cuidando a mi padre, hacer deporte al airé libre, poderme relacionar  en grupo pequeñito con la familia y amigos. Siempre les invito a caminar. Hacer cosas seguras es la base de esta nueva realidad.


Quiero ser consciente de la realidad para afrontarla con responsabilidad y adaptarme a lo que toca ahora vivir. Pero tengo necesidad de quejarme del Covid, necesito expresar mi malestar, sí.

Me quejo: este bicho no me deja abrazar, me hace vivir con miedo/precaución; no me gusta no ver el rostro de la persona que me cruzo porque les cubre la mascarilla; lo paso mal cuando voy al tanatorio y no puedo expresar que lo siento ni consolar con un abrazo. 
Me enfada y preocupa cuando veo en algunos sitios lo mal que cumplen las normas de prevención para evitar contagios; me indigna que nuestros mayores  y personas con discapacidad se vean tan limitados en sus salidas y actividades por el virus; me causa tristeza la parte del dolor de las personas que han muerto, las personas que han perdido a seres queridos, cómo los han perdido y sin poderlos despedir... Aunque entienda que esto es necesario hacerlo ahora así por salud, no por ello deja de doler e indignar.

Mas intento vivir la nueva realidad con esperanza, no porque esta situación sea esperanzadora, sino porque decido vivirla con esperanza. 
Se por experiencia que todo sufrimiento trae transformación, 
que esta transformación sea positiva, no depende de la crisis en si, depende de cada uno de nosotros. 

Alma Arconada 

jueves, 23 de abril de 2020

MIEDO

Miedo. Hacía tiempo que esta emoción no anidaba en mi corazón. 

Miedo a tocar. 
Miedo a no tocar. 
Miedo de salir.
Miedo a la ciudad. 
Miedo por no ir a trabajar. 
Miedo que te llamen a trabajar.
Miedo a la limitación impuesta.
Miedo a la despedida final sin poder acompañar ni acariciar.
Miedo a encontrarme contigo y no poderte abrazar.

Miedo. Agitación 

Hoy te miro, miedo. Te reconozco. 
Ven acércate, siéntate a mi lado, necesito mirarte. 
En otra circunstancia, te echaría de mi vida, pero no nos queda más remedio que aprender a convivir.
Pero si gritas tan alto, no puedo diferenciar entre lo imaginario y las amenazas reales, tu ruido me desgasta, embota y me hace perder fuerza.

En vez de decirme que me altere, me vas a ayudar a entender que es lo que necesito aprender, cuales son los nuevos desafíos que tengo que afrontar.
Otra cosa, procura no instalarte, no olvides que estás de paso...

Atentamente:
Alma Arconada

jueves, 2 de abril de 2020

DESDE MI VENTANA

Aquí nos encontramos, todos tocados de alguna manera por el COVID_19. Un virus que todo lo ha trastornado, que ha cambiado drásticamente mi vida cotidiana, nuestra vida y el ritmo vital del mundo.

En medio del desasosiego y la reclusión, me hago preguntas, primero sobre el mundo que estábamos construyendo y también destruyendo. Y, en la búsqueda de respuestas para mi inquietud, termino indagando en mi interior. Este tiempo crudo me va descubriendo a mi misma y a esos otros, también míos, que son invisibles en el ruido diario, que no quiero reconocer... Este tiempo saca lo mejor y lo peor de cada uno. 


Desde la ventana veo gestos heroicos y otros mezquinos, gestos solidarios y luminosos, combinados con noticias falsas, despensas repletas, reflexiones hondas y videos de buen humor ante la desgracia que dan vidilla y te sacan una sonrisa... Veo gente que trabaja incluso más que antes, aprendiendo a marchas forzadas a trabajar en nuevas plataformas digitales. Mientras que otros han realizado de su casa la limpieza general del año, o visto las 3 temporadas de su serie preferida. 

Me emociona los aplausos largos, la gente en los balcones o ventanas deseando:”todo va a salir bien”. Veo profesionales vocacionales, volcados en el bien común y renunciando, incluso, a su seguridad y bienestar. Y sentir tan presente la corresponsabilidad: que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Veo confinamientos de familias que varían desde 80 metros cuadrados a 200, o más, metros cuadrados. No es lo mismo un confinamiento que otro.
Hay gente que se queja de vivir tantas horas en familia, con adolescentes, pareja; y otros encuentran diariamente un rato para hacer una actividad en común y ver en la convivencia una oportunidad. El confinamiento pone en juego nuestros valores, lo que somos, lo que vivíamos.

Muchas personas desconocemos si en los próximos meses dispondremos del ingreso que considerábamos seguro,  otras incluso, ven peligrar su trabajo. Sentimos miedo cuando acudimos al trabajo, miedo del mismo aire, miedo por nuestros familiares mayores, de tocar a quienes amamos. Y no digo nada si estamos en la piel de quien sufre el corona virus, del quien tiene algún familiar o amigo grave, o del que no ha podido abrazar ni despedirse ni acompañar a su ser querido arrebatado por el bicho, ni de los vulnerables, muchos más de lo que pensamos...

En medio de esta reclusión forzada, ¿qué nos estamos diciendo unos a otros, o quizás solos, con palabras o en silencio?. ¿Quién soy yo o en quien me he convertido?. ¿Qué valores sostienen mi vida? .¿Que estoy construyendo?.

No sabemos cómo va a terminar todo esto, pero en una pandemia, hay que analizar, para aprender y cambiar, tanto a nivel personal, familiar, vecinal, laboral, junto con otros desafíos de la humanidad: los cambios climáticos, políticas de exclusión, el consumo...

De momento trabajaré desde el aislamiento: “Por ser el cambio que quiero ver en el mundo”.
Alma Arconada

domingo, 9 de febrero de 2020

DESEANDO UN POCO DE SOL

Llevamos dos meses largos que en Palencia, bien por las nieblas, bien por la lluvia, por que está encapotado... pero brilla el sol por su ausencia... 

Todos tenemos claro que el invierno nos lleva, de una formal natural, ir hacia adentro. Nos señala el camino suave y tranquilo hacia nuestro ser interior, nos inclina hacia la reflexión, abrazando la oscuridad, perdonando, aceptando y amando.


Vale, pero, os lo prometo, también consigo ese momento de interioridad, con unos graditos de más y SOL.

Suelo adaptarme bien al clima que toca vivir en cada estación, más este año se me está haciendo duro estos meses de ausencia de sol... El otro día me sorprendí, a mi misma, a las cuatro de la tarde diciendo: “buenas noches”, y es que tantos días con tiempo nublado, oscuro pero oscuro, frio, hace que sienta que estoy de noche a las cuatro de la tarde... Y no, no estoy desanimada, ni falta de actitud, ni nada de eso, sólo que echo en falta el SOL

Me consuelo pensando, que a la vuelta de la esquina, llegará la fuerza energizante del sol, que acaricie mi rostro y traiga calidez a mis días. SOL que traiga a mi “hogar” luz.

                          ALMA ARCONADA





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